Miré a mi alrededor, la cabeza me daba vueltas, no sentía nada de mi cuerpo, ni siquiera sé cómo podía estar pensando en ese instante, me dolía todo y distinguí una parte de mi cuerpo que me dolía aun más, no sabía el porqué ni el cómo. De repente otra cosa me llamó la atención, me fijé atentamente y pude ver una sombra blanca, conseguí quitarme el nublor de la visa y pude reconocer que era una enfermera, estaba en el hospital y días antes había perdido el conocimiento.
Pronto, empezé a recordar, antes de ingresar yo estaba en mi casa y, rápidamente, alguien se abalanzó hacia a mi, me empezó a escocer el cuello y justo en ese preciso instante perdñi el conocimiento.
Y ahora me encuentro aqui, la enfermera hace rato que se fue después de volver a pincharme en el brazo, estaba sola, o al menos, eso parecía.
Sentí unas ganas inmensas de comer carne y no sabía porqué, pero lo que mas me extraña es que no es carne normal, sino humana, comer y saborear todos y cada uno de los enfermeros con buena salud que hay aqui, beber aquella ácida y deliciosa sangre rojiza... Pero ¿en qué pienso? La pérdida de conocimiento me está afectando a las neuronas, siempre me ha dado asco cada vez que me salía sangre por la nariz o incluso de cuaquier arañazo, ¿y ahora estoy pensando en esto? Es una locura...
Me incorporé como pude sobre aquella cómoda cama de hospital, conseguí, al fin, levantarme.
Por suerte allí no había ningun compañero de habitación y si me marchaba así porque así no pasaría nada, no me montarían ningun escándalo, busqué una taquilla de las cuales siempre hay en todos los hospitales para guardar tus pertenencias y, al hallarla, me dirigí hacia ella, la abrí y cogí mis cosas. Me vestí como pude y rápidamenteporque en cualquier momento podría llegar alguien y la verdad es que me di cuenta de una cosa, me había recuperado (casi) del todo, hace minutos estaba tendida sobre la cama sin poder moverme y ahora estoy vistiéndome por si sola, terminé y salí de la habitación. Menos mal que durante el trayecto de aquel pasillo no me topé con ninguna enfermera que me conociese y pasé desapercibida ante las demás personas que andaban por allí. Monté en el amplio ascensor que me conduciría hasta la última planta, y ahí, saldría por la puerta grande de aquel numeroso centro de salud. Pensé en correr hacia la puerta al llegar abajo pero armaría jaleo y me miraría todo el mundo, así que hize como si fuera una visitante más. Por fin conseguí atravesar la salida de aquel infierno, sentía el aire puro sobre mis pulmones, el viento me acariciaba...
Pensé, vamos a ver, ahora me dirigiré a casa de mis padres, que ahora los pobres deberán estar muy preocupados, aunque es muy raro que no estuviesen conmigo en la habitación, quizás estuvieran de compras...
De todas formas no le di mucha importancia. Me dirigía a paso rápido hacia mi casa, tenía un sexto sentido que me hacia pensar que no estarían allí, pero aun así seguí adelante, mis pasos iban directos allí, no podía evitarlo...
Cruzé la última calle y doblé la esquina, efectivamente, no estaban, cuando el coche de mi padre no estaba en la puerta, lo más probable es que no estuviesen dentro, pero avanzé, subí dos escalones y llamé al timbre...
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